Llevaba un rato empujándome, me había vendado los ojos y no contestaba a mis preguntas:
-¿A dónde me llevas?- pregunté con aire inocente.
-Es una sorpresa- contestó ella.
Estando vendado los olores y sensaciones se habían vuelto tan perceptibles que casi podían palparse, era tal el efecto que no pude evitar abandonarme a mis sentidos restantes y disfrutar del camino.
De vez en cuando, ella me daba un roce cariñoso en la zona de las orejas. Parecía divertirle la situación, pues de vez en cuando se le escapaba una risilla por lo bajo. Me llevaba a un sitio que sólo ella sabía, la emoción me invadía por dentro.
-¿Queda mucho?- pregunté, esta vez un poco más impaciente.
-Ya casi estamos...- susurró cariñosamente al lado de mi oreja derecha, para lo que tuvo que estirarse ligeramente sobre sus patas.
No sabría decir exactamente cuánto fue, posiblemente cinco minutos o menos, pero fue la espera más larga de toda mi vida... entonces, me detuvo.
-Ya hemos llegado- señaló, mientras deslizaba sus zarpas cálidas y suaves por mi espalda hasta llegar al nudo de la venda.- ¿Estás preparado?
-...A tu lado estoy preparado para todo- dije, depositando toda mi confianza en ella.
Entonces, lo hizo... Ella me quitó la venda y lo que vieron mis ojos, simplemente me dejó conmovido. A mis pies, se habría un enorme valle con un lago y un bosque; un entorno libre, puro, virgen; un lugar para vivir feliz y sin preocupaciones. Era lo que llevaba tanto tiempo buscando... era perfecto.
-¿Te gusta?- me preguntó tímidamente con las manos tras la espalda y moviendo un hombro adelante y otro atrás alternativamente.
-¿Eh?, no entiendo...- dije, con mi cara de bobo habitual.
-Lo he buscado expresamente para tí. Sé que llevabas un tiempo un lugar donde vivir en paz y armonía con la naturaleza y lo he encontrado- dijo, aún un poco tímida.
-No me gusta...- comencé a decir.
-¿Cómo?- me interrumpió con los ojos llorosos.
-Oye, ¿me dejas acabar?- la agarré por los hombros y mirándola fijamente a los ojos, le dije- No me gusta, me encanta... es como un sueño hecho realidad. Gracias, muchas gracias de verdad- la abracé y lloré en su hombro.
-Pero hay una condición...- dijo apartándome.
-¿Cuál?- pregunté secándome los ojos.
-Que compartas tu vida conmigo- me dijo en tono de promesa.
En un breve silencio me arrodillé, la cogí de la mano y declaré:
-Será todo un placer...
Y juntos nos dirigimos hacia nuestro destino.
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